Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento.

Sobre la Democracia.

jueves, 16 de marzo de 2006

Bajo nivel de creación de empleo

Editorial publicada en Los Andes on line
Mendoza, Argentina (Miércoles 15 de marzo 2006)

Varios son los parámetros que se evalúan para determinar el grado de progreso y bienestar que reina en un país. Los que más comúnmente se consideran son los de generación y distribución de la riqueza, que están íntimamente unidos a las posibilidades de acceder a una alimentación adecuada, salud, educación, seguridad y acceder a niveles aceptables de consumo de bienes o servicios de otro tipo.


Se configura de esta forma una suerte de proceso de realimentación. Un país pobre difícilmente pueda asegurar a sus habitantes que estarán a salvo del hambre, la ignorancia o la enfermedad. Y eso crea condiciones que contribuyen a establecerlo en los mínimos escalones del progreso. El acceso a la riqueza y los bienes y servicios que derivan de una buena situación económica es la otra cara del esquema, ya que se generan beneficios en otros campos.

Imagen: Pobreza  y desnutrición La Argentina es una de esas naciones que no terminan por dar pasos definitivos que la lleven a niveles muy superiores de bienestar, porque no logra establecer un proceso de apoyo entre los diversos aspectos que hacen a su desenvolvimiento. Las épocas de bonanza se alternan con otras de extrema crisis, en las cuales los avances conseguidos en una etapa se pierden en la siguiente. ¿De qué otra forma se puede llegar a explicar que en un país que exporta alimentos por miles y miles de millones de dólares por año haya gente que padece hambre o que no está bien alimentada?

El acceso a un puesto de trabajo, algo que está en la base del desenvolvimiento personal, familiar y del conjunto social, es en el presente uno de los grandes condicionantes de nuestra sociedad. La Argentina, sin embargo, ha experimentado un proceso de crecimiento que lleva ya algo más de tres años ininterrumpidos, y las proyecciones para el que está corriendo es que esa tendencia se mantendrá.

El PBI es uno de los más altos de América y las grandes recaudaciones enriquecen a ciertos rubros de nuestra economía y se reflejan en forma altamente favorable en las cuentas del Estado. Y, aunque haya aumentado el nivel de empleo durante esta época de bonanza, se está lejos de arribar a metas que aseguren a la mayoría de nuestro pueblo que puede depender de su esfuerzo volcado en un trabajo digno para salir de niveles de pobreza que siguen marcando a fuego a millones de nuestros compatriotas.

La generación de empleo ha bajado en forma notable pese a que el PBI sigue aumentando, y buena parte de los que han accedido a un trabajo se encuentran en condiciones que establecen suma precariedad: no figuran como empleados, no aportan para sistemas de salud ni para cubrir el relativo beneficio de una futura jubilación.

Este último aspecto ya está repercutiendo con tonos ominosos, y si no se establecen correcciones, en pocos años tendremos a muchas personas a las que habrá que asistir de alguna forma, porque, ancianas, no tendrán jubilación alguna.

Si se crea riqueza, si mejora la situación económica, si el propio Estado se convierte en importante socio de este proceso, ¿cómo es que en una provincia considerada entre las más ricas de la Argentina, como Mendoza, el empleo se recupere mucho más lentamente que en otras partes del país, en las cuales, incluso así, ese proceso no guarda relación con el crecimiento económico?

La construcción, uno de los rubros donde más se nota un avance en nuestro medio, solamente posee como estables y aportantes a los sistemas de seguridad social a 4 de cada 10 de sus empleados. En el agro, la cosa no va mejor. Hay resistencia a asumir el compromiso de tomar empleados, o a tomarlos en forma legal -el trabajo informal está fuera de la ley- y eso se debe a varios factores que deben ser clarificados.

Es obvio que las experiencias anteriores han cauterizado a muchos empresarios que, al enfrentar la crisis, no pudieron asumir sus obligaciones para con sus empleados. Como no hay planes enunciados que vayan más allá de lo que marcan los ejercicios anuales por parte del Gobierno, no se pueden establecer proyecciones válidas. Sí, argumentan muchos, se crece. Pero, ¿quién puede predecir por cuánto tiempo? Esta falta de proyección es lo que se refleja en los escasos niveles de inversión, en la situación laboral y en los criterios de distribución de la riqueza.

Los mercados, ya lo vimos en los años ’90, sólo pueden dar respuestas parciales a los problemas de la Nación. Los grandes lineamientos, las proyecciones sustentables, corren por cuenta del poder público y, por ahora, están ausentes.

Nota: La imagen ha sido incorporada al artículo, no pertenece a la publicación original.
---.---

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Antes de colocar un comentario ten en cuenta que no se permitirán comentarios que:

- Posean link promocionando otras páginas o websites
- puedan resultar ofensivos o injuriosos
- incluyan insultos, alusiones sexuales innecesarias y
palabras soeces o vulgares
- apoyen la pedofilia, el terrorismo o la xenofobia.

Ni este Blog ni su autor tienen responsabilidad alguna sobre comentarios de terceros, los mismos son de exclusiva responsabilidad del que los emite.

Este Blog y su autor se reservan el derecho de eliminar aquellos comentarios injuriantes, discriminadores y/o contrarios a las leyes de la República Argentina.