Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento.

Sobre la Democracia.

miércoles, 22 de marzo de 2006

Treinta años después

Comentario - Por Aldo Bravo
Publicado en
El Liberal

A pocos días de cumplirse treinta años del último golpe militar, los argentinos, en general, aún no hemos hecho una certera lectura de las terribles consecuencias que en todos los órdenes de la vida nacional produjo este nuevo alzamiento en contra de las instituciones, continuando la desgraciada historia de quiebres del orden constitucional iniciada en 1930.

Es cierto que en aquellos días de marzo de 1976, la Argentina vivía una situación de gran zozobra en muchos aspectos de su realidad, motivada por un gobierno democrático absolutamente falto de respuestas para contener la violencia social desatada por organizaciones clandestinas identificadas con el propio partido gobernante -como Montoneros-, la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) liderada por el brujo López Rega, y la lucha armada que desarrollaban desde hacía varios años algunas organizaciones vinculadas a sectores que ya denunciaban el plan a ejecutarse en nuestro país, lo que se traducía en secuestros, asesinatos y acciones armadas de gran magnitud.

El “famoso” decreto del gobierno de Isabel Perón que ordenaba aniquilar a la subversión fue la gran excusa empleada por los golpistas y los conspiradores civiles para seguir adelante con el más cruento terrorismo de Estado, de lo cual los treinta mil muertos es el dato más escalofriante.

Sin embargo, el plan de saqueo diagramado por los países centrales (EE.UU., Europa y Japón) dándoles a los países periféricos el rol de proveedores de materias primas y mano de obra barata, no hubiera sido posible de ser aplicado por la resistencia de las organizaciones democráticas y por ello la imposición de dictaduras en casi toda Sudamérica y Centroamérica tuvo como razón fundamental llevar adelante planes económicos destinados a generar deudas externas totalmente impagables, producir la desindustrialización, realizar un verdadero “lavado de cerebro” en las nuevas generaciones y así condicionar severamente a las democracias que surgirían después.

Pero también es cierto que a comienzos de los 70 existía una gran movilidad social dentro de la clase trabajadora, una baja tasa de desempleo, un alto porcentajede jóvenes que accedían a estudios universitarios y, sobre todo, una legión de nuevos dirigentes en los ámbitos político, sindical, universitarios, etc. Había una efervescencia social de cambio hacia la construcción de una sociedad más igualitaria.

Todo esto a pesar de que ya en 1975 se había producido el tristemente célebre “Rodrigazo”, inicio de la brutal caída en el nivel de vida de la clase media y de la pauperización más profunda de los sectores de obreros y trabajadores no calificados. También comienza el empobrecimiento creciente de jubilados y pensionados.

Pero el gobierno usurpador instalado a partir de marzo de 1976, bajo el ampuloso nombre de Proceso de Reorganización Nacional, puso en marcha el más atroz proyecto económico destinado a beneficiar a los grupos dominantes de la oligarquía nacional y a las empresas trasnacionales para producir el quiebre de las pequeñas y medianas industrias. Y si a esto le sumamos la represión indiscriminada lanzada sobre los militantes del campo popular que originó el genocidio conocido sobre una generación de jóvenes comprometidos en la construcción de un país justo y solidario, quedan absolutamente claros los motivos que guiaron a Videla y compañía para perpetrar el asalto al gobierno democrático.

Todos sabemos que la insólita aventura guerrera de Galtieri en las Islas Malvinas fue el comienzo del fin de la dictadura y el advenimiento de la democracia en 1983 despertó grandes expectativas de cambio en muchos argentinos.

Han pasado más de dos décadas de continuidad institucional y, sin embargo, aquel plan económico que comenzó con Celestino Rodrigo y que perfeccionó en su ejecución Martínez de Hoz hace tres décadas, sigue aplicándose con muy pocas modificaciones: convertir a la Argentina en un país bananero proveedor de mano de obra y materias primas baratas.

Treinta años después hay pocas dudas del triunfo del siniestro proyecto golpista. La Argentina es, actualmente, un país desigual en la distribución de la riqueza; más de la mitad de su población se encuentra por debajo de la línea de pobreza y tiene casi seis millones de habitantes en situación de indigencia; la jubilación mínima no representa ni la mitad de la canasta básica; el desempleo es muy alto; los planes sociales tienen un monto simbólico y sus beneficiarios son utilizados como clientes electorales por el poder de turno. Además, como resultado de la persecución y asesinato de miles de dirigentes políticos, sindicales, yuniversitarios, la vieja camada de políticos enquistada en partidos tradicionales siguen haciendo de las suyas, enriqueciéndose mientras gobiernan favoreciendo al poder económico que los sustenta.

Ya no es posible seguir echándole la culpa de todo a la última dictadura, pasaron más de veinte años de vigencia formal de lademocracia. Tenemos que darle contenido a la frase que la define: “Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Para ello fue concebida. Si no reinventamos la política como “ciencia y arte del bien común”, la Historia nos seguirá pasando la factura de manera cada vez más dura.
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