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lunes, 24 de abril de 2006

El drama del agua, un azote para poblaciones rurales

Publicado por El Liberal.

Tras las inundaciones siguen con sus pesares

Problemas. Estuvieron evacuados en una escuela cercana durante un mes. Volvieron a sus casas y los problemas persisten por las malas condiciones en las que quedaron los ranchos. Ahora les falta el agua, pero para el consumo.

Tras las inundaciones muchos sitios de los domicilios quedaron con escasa protección. Siguen esperando asistencia oficial (Imagen de El Liberal)Las Hermanas es un paraje en el que viven no más de doce familias en precarias construcciones tipo rancho la mayoría. Se sostienen de lo poco que pueden ganar los miembros de la familia que puedan trabajar en la cosecha en los campos vecinos. Durante las últimas inundaciones, no sólo perdieron enseres y partes de las viviendas, sino también muchas posibilidades de trabajo, porque la producción fue muy perjudicada.

Cuando el agua los obligó a irse, encontraron refugio en la escuela de Colonia María Luisa, donde recibieron asistencia de la Secretaría de Desarrollo Social de la provincia, que les brindó alimentos para el sustento diario, colchones, frazadas y algunas prendas para los chicos. Pero eso se terminó con el estado de emergencia. Ahora regresaron a sus hogares y el padecimiento persiste.
“Yo tuve que apuntalar como pude al menos una pieza de mi ranchito, para poder estar ahí. En los otros lados se llueve mucho y tengo hijos chicos, así que como pude arreglé una parte de la casa, la otra quedó muy deteriorada por el agua que entró”, relató Norma, una de las vecinas que estuvo evacuada en la escuela de María Luisa.
Si bien reconocen que fueron bien atendidos cuando estuvieron evacuados, confiesan que muchas de las cosas que les decían que les enviaban desde Desarrollo Social, no llegaban a ellos, lo que aseguran haber puesto en conocimiento de las autoridades.
“Nos dijeron que nos darían chapas y nos ayudarían para construir al menos una piecita de material para poder estar con los chicos, después que tuvimos que abandonar la escuela, no han aparecido más. Incluso nos dijeron que nos darían colchones para cada uno de los miembros de la familia, nosotros somos siete, y sólo nos dieron cuatro colchones. Una vez anduvo el doctor Lugones (subsecretario de Acción Social) y nos hizo ver la lista de cosas que nos había mandado, pero había muchas que no nos llegó nunca”, relató la vecina.

Posibilidades

Norma, confesó que las condiciones de vida en el lugar no son las óptimas, pero que así están desde hace muchos años, viviendo de lo que sus maridos, hijos y ellas mismas pueden hacer cosechando algodón, o realizando alguna otra tarea rural durante las temporadas. Incluso, mucho tiempo deben hacer frente ellas solas a los compromisos de mantener la familia, debido a que sus esposos son trabajadores golondrinas y se ausentan durante mucho tiempo del hogar.
“Aquí las condiciones de vida no son las mejores ahora, pero tuvimos buenas épocas. Lamentablemente las últimas inundaciones dañaron la producción de esta zona, y nos quedamos sin fuentes de ingreso, pero la mayoría de la gente de este lugar trabaja en el campo, y no hay una cantidad de habitantes fija. Muchas familias están por temporadas y después se van hacia otros lugares. Por lo menos los chicos van a la escuela de María Luisa y allá les dan de comer. Eso nos ayuda mucho”, asegura.
Pedro es un joven que siempre vivió en Las Hermanas. Por ahora hace changas que le da la directora de la escuela de María Luisa y es uno de los habitantes de este paraje del departamento Banda.
“Aquí no hay mucho por hacer, yo por suerte tengo algunas changuitas que me da la directora de la escuela, donde siempre hay algo. Ahora estoy haciendo trabajos de albañilería porque están cambiando cosas en los baños de la escuela”, comenta.
El joven recordó que hace cinco años hubo una inundación mucho peor que ésta, y que debieron venir los bomberos de La Banda para hacerles llegar comida y atender las necesidades de los lugareños.
“Me acuerdo que venían en unos camiones altos y con esos podían entrar hasta la escuela para dar la comida a la gente. Les servían polenta, sopa y chocolate a los chicos, incluso por la tarde. Lo que pasa es que en esta zona siempre las cosas fueron así. El canal desborda y el agua no tiene para dónde ir, así que inunda todas las casas”, comentó.

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